No es una moda pasajera y ya hace rato
que dejó de ser una tendencia para transformarse en
un pilar de las empresas, esta es la denominación que
le cabe a la responsabilidad social empresaria (RSE). “Es
un componente integral en la estrategia de un negocio y significa
crear valor económico actuando ética y profesionalmente”,
declaran las licenciadas Teresa Castillo y Laura Dellacasa,
de la consultora Dellacasa Castillo, que brinda servicios de
capacitación, diseño e implementación
de acciones en RSE. Todo el esfuerzo confluye en una buena
relación de la empresa con la sociedad y el fortalecimiento
institucional.
El comentario surge no sólo desde una convicción
que ya lleva años sino de la III Conferencia de responsabilidad
social empresaria llevada a cabo en Chile, entre el 25 y 28
de setiembre próximo pasado, reunión a la que
asistieron las expertas locales.
La RSE se aplica tanto en las organizaciones privadas como
públicas, incluyendo las que no tienen fines de lucro.
Crear puentes
“Nuestra labor es crear puentes y generar capital
social y valor económico dentro de la sociedad”,
agregan Castillo y Dellacasa.
Históricamente, la empresa siempre tuvo los mismos
fines, pero ha cambiado la perspectiva y el cuerpo filosófico-económico-conceptual
del hacer y llevar a cabo los objetivos. A tal punto es trascendente
que las consultoras no dudan en afirmar: “El desarrollo
sustentable y sostenible del planeta está en la base
de la responsabilidad empresaria social”.
Ya no se trata sólo de hacer buenos negocios sino
también de cuidar el medio ambiente y promover todos
los valores trascendentes del ser humano.
“En este esquema, está cada vez más claro
que los responsables somos todos: la tríada comunidad-Estado-empresa
debe asumir de manera solidaria la defensa de las ideas centrales
a la vez que las líneas de acción; también
marcar el punto de inflexión en una sociedad capitalista
y de libre mercado que procura superar las desigualdades e
inequidades”, amplían Castillo y Dellacasa.
Las consultoras agregan que los lineamientos de responsabilidad
social deben salir del corazón de la empresa, desde
el gerente general o los directivos hacia los empleados en
un primer paso que se extiende luego a toda la sociedad.
Argentina rezagada
En Latinoamérica la RSE avanza a paso firme, aunque
la Argentina se muestre rezagada. Prueba de ello es que a
la III Conferencia de Responsabilidad Social Empresaria realizada
en Chile asistieron sólo dos empresas dedicadas a
esta labor.
El próximo encuentro se hará en Brasil, siempre
con el Banco Interamericano de Desarrollo como promotor y
organizador de las actividades. Como dato vale destacar que
hay 265 empresas argentinas adheridas al Pacto Global del
Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD)
que suscribieron un compromiso cívico-corporativo.
Esto es ni más ni menos que la promesa de encarar
una nueva forma de pensar y actuar en los negocios, especialmente
con una buena ciudadanía corporativa. El número
de empresas argentina puede ser trascendente si se toma en
cuenta el total mundial que asciende a 2.337.
Una consultora como la de Castillo-Dellacasa entrenan al
personal de una empresa, cualquiera que sea la envergadura
de esta ya que el compromiso de cuidar los valores esenciales
del planeta impacta sobre todos.
Explican, “La responsabilidad avanza sobre un esquema
múltiple y complejo que entrelaza a la empresa con
el gobierno, la sociedad civil, los consumidores, los empleados,
los mercados financieros y los medios de comunicación,
superando intereses particulares o sectarios. Es un nuevo
paradigma que ofrece un giro en la visión empresaria
hacia la sociedad que se avizore en un mundo de desarrollo
sustentable”.
Se engaña, opinan las expertas, quien piense que no
hay oportunidades de negocios cien por ciento éticos.
Esto vale especialmente para la Argentina en donde, según
la encuesta de RSE elaborada por la Universidad de San Andres
y Gallup, la cultura de la responsabilidad social proviene
de las empresas multinacionales, con conceptos incorporados
desde la alta gerencia hasta el último empleado en
la línea de producción.
|